Dmochowski y Montero, dos músicos abrumadores

Los acordes llenaron los espacios vacíos de las personas que se quedaron fuera debido a la pandemia. Bajo unas medidas extraordinarias, los músicos de Iberartis, Dmochowski y Montero, invadieron con el repertorio guiado por la luz de Vivaldi, un concierto que no dejó de ser singular.

La expresividad que fue vertida en el mismo propuso al espectador adentrarse en la genialidad de Il preste rosso y en la inigualable destreza de Michal Dmochowski; maestro donde los haya, preciso, vivaz, enorme, a la hora de situarse en el entorno adecuado. 

Juan José Montero, con el clave magnífico acompasaba los elementos con una infinita gama de colores; de matices inacabables con cambios inesperados y dinámicos que marcaban el ritmo del concierto.

La iglesia de San Pedro Mártir se quedó privada en un silencio estremecedor con los únicos dos músicos en un escenario montado a tal efecto. Indefectiblemente, las indiscutibles posibilidades del cello y la capacidad de aunar los tiempos del clave, hicieron que en esa noche especial, todo lugar se llenara con su música.

Se escucharon las sonatas para violoncello y continuo, la que fuera última producción musical de Antonio Vivaldi, y en esta ocasión, el instrumento fue el protagonista indiscutible. Asimismo, Benedetto Marcello, contemporáneo y veneciano y Juan Sebastián Bach, admirador de Vivaldi también llenaron con luz y vitalidad el magistral entorno.

El Festival de Música El Greco que en su séptima edición busca a través de sus impulsores proteger la vida cultural de Toledo, (especialmente en este año tan complejo), ha permitido disfrutar de este magnífico concierto. Sus emblemáticos escenarios, han hecho de nuevo, que Michal Dmochowski y Montero sean un duo impecable, inolvidable y sobre todo, enormemente sentido.

Un instante se abrió cuando citó Michal Dmochowski a su querida esposa, la también músico, Karolina Styczen dedicándole una de las interpretaciones. El relato contenido y la profundidad a la hora de verter el espíritu poético del intérprete, hicieron palidecer a las personas que escucharon su música. La fuerza contenida de esta, las piezas interpretadas magistralmente por ambos y la necesaria capacidad de ligar al autor con el publico, devolvieron a la música de Vivaldi a su inicio; ese, con el que las manos de ambos, hicieron un uso inteligente y magistral del gran compositor; algo, quizá, inenarrable.

Ana De Luis Otero

Periodista

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